
¿Cómo gestionar las emociones en el trabajo?
La capacidad de gestionar nuestras emociones es cada vez más importante en el cambiante mundo actual. Independientemente del ámbito en el que trabajemos, nuestras emociones influyen en nuestras decisiones, nuestras relaciones con los compañeros y la forma en que afrontamos los retos diarios. Exploremos algunas de las formas en que podemos identificar y gestionar las emociones en el lugar de trabajo, creando un entorno laboral más saludable y productivo.
¿Por qué importan las emociones en el trabajo?
Pues muy sencillo: ¡porque somos humanos, no robots! Nuestras emociones influyen en todo, desde cómo hablamos con nuestros compañeros hasta lo creativos que somos a la hora de resolver un problema. Pensemos en cómo nos sentimos cuando estamos estresados: no es precisamente el estado más productivo, ¿verdad? En cambio, cuando estamos emocionados, ¡es como mover montañas!
¿Cómo nos damos cuenta de lo que sentimos?
Vale, parece una pregunta de parvulario, pero ahora en serio: ¿cuántos de nosotros nos paramos realmente a preguntarnos "cómo me siento ahora mismo"? La próxima vez que sintamos que algo no va bien, hagamos una pausa y preguntémonos:
- ¿Cómo me siento? ¿Cólera, tristeza, miedo o tal vez una extraña combinación de todos ellos?
- ¿Por qué me siento así? ¿Alguien ha dicho algo o ha ocurrido algo?
- ¿Cómo se manifiesta en mi cuerpo? ¿Tengo un nudo en la garganta? ¿Tengo ganas de salir corriendo?
Cuanto más a menudo hagamos esto, mejor identificaremos tus emociones. Es como un superpoder emocional.
Consejos para controlar nuestras emociones
Ahora que sabemos cómo nos sentimos, ¿qué hacemos con esta información? He aquí algunas ideas:
- Respira hondo: Suena trillado, pero realmente funciona. La próxima vez que tengas ganas de tirar el portátil, tómate unos segundos y respira hondo. Te sorprenderá lo mucho que te calma.
- Contar hasta 10: clásico pero eficaz. Te da tiempo a recuperarte antes de decir algo de lo que podrías arrepentirte más tarde.
- Cambia la historia: En lugar de pensar "¡Todo es una mierda!", prueba con "Es un reto, pero puedo superarlo". Es increíble cómo un pequeño cambio de perspectiva puede marcar una gran diferencia.
- Di lo que sientes: Procura mantener la calma y el respeto. "Me siento frustrado cuando...", "Estoy preocupado porque..."... suena mucho mejor que un ataque de nervios, ¿no crees?
Sea empático: ¡no hace daño!
Intenta ver las cosas desde la perspectiva de los demás. ¿Quizá tu colega está malhumorado porque tiene problemas en casa? ¿Quizá ha sido una larga mañana de tráfico? Un poco de empatía puede hacer maravillas en las relaciones laborales.
Crear un ambiente positivo
Imagine un lugar de trabajo en el que todo el mundo es abierto y sincero con sus emociones. Suena bien, ¿verdad? Tú puedes ser el principio de ese cambio. Sé sincero con lo que sientes, anima a los demás a hacer lo mismo y verás cómo el ambiente mejora poco a poco.
Gestionar las emociones en el trabajo no significa convertirse en robots sin emociones. Significa aprender a manejarlas de forma sana y productiva. Con un poco de práctica y paciencia, conseguirás controlar tus emociones. Y quién sabe, quizá te conviertas en esa persona tranquila y equilibrada que todos admiran en secreto en la oficina.
¡Vamos a conocernos!





